Harry Potter y la piedra filosofal

– Te deseo un feliz cumpleaños. Tengo algo aquí. Tal vez lo he aplastado un poco, pero tiene buen sabor.

Del bolsillo interior de su abrigo sacó una caja algo aplastada. En el interior había un gran pastel de chocolate pegajoso, con «feliz cumpleaños, Harry» escrito en verde.
Harry miró al gigante. Iba a darle las gracias, pero las palabras se perdieron en su garganta y, en lugar de eso, dijo:
-¿Quién es usted?
[…]
– Llámame Hagrid – contestó -. Todos lo hacen. Y como te dije, soy el guardián de las llaves de Hogwarts. Ya lo sabrás todo sobre Hogwarts, por supuesto.
[…]
Harry extendió la mano para coger, finalmente, el sobre amarillento, dirigido, con tinta verde esmeralda, al «Señor H. Potter, El suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar».

En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.

-… lleno de muggles, por supuesto..

Harry se volvió para verlos. La que hablaba era una mujer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo. Cada uno empujaba un baúl, como Harry.

Cuando vivía con los Dursley nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos repletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para comprarse todas las barras de chocolate que pudiera llevar. Pero la mujer no tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Bertie Bott de todos los sabores, chicle, ranas de chocolate, empanada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida. Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce.

Un horrible pensamiento atacó a Harry, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno está muy intranquilo. ¿Y si a él no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que la profesora McGonagall se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente que se había equivocado y que era mejor que volviera en el tren? […]
-Potter, Harry.
Mientras Harry se adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.
-¿Ha dicho Potter?
– ¿Ese Harry Potter?

-Mmm -dijo una vocecita en su oreja-. Difícil. Muy difícil. Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala. Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a si mismo, esto es muy interesante… Entonces, ¿dónde te pondré?

Harry se aferró a los bordes del taburete y pensó: En Slytherin no, en Slythering no.

– En Slytherin no, ¿eh? -dijo la vocecita-. ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza. no hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estas seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!

La profesora McGonagall se detuvo ante un aula. Abrió la puerta y asomó la cabeza.
-Discúlpeme, profesor Flitwick. ¿Puedo llevarme a Wood un momento?
[…]
-Potter, éste es Oliver Wood. Wood, te he encontrado un buscador.
La expresión de intriga de Wood se convirtió en deleite.
-¿Está segura, profesora? -Totalmente -dijo la profesora con vigor-. Este chico tiene un talento natural. Nunca vi nada parecido. ¿Ésta ha sido tu primera vez con la escobar, Potter?

-¡Winggardium leviosa!- gritó, agitando sus largos brazos como un molino.
-Lo estás diciendo mal. – Harry oyó que Hermione lo reñía-. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y largo.
-Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente -dijo Ron con rabia.

Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse. Tosió y algo dorado cayó en su mano.

-¡Tengo la snitch! -gritó, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó
en una confusión total.

-No es que la haya atrapado, es que casi se la traga – todavía gritaba Flint veinte minutos más tarde.

Gryffindor había ganado por ciento setenta puntos a sesenta.

– Es una capa invisible – dijo Ron, con una expresión de temor reverencial-. Estoy seguro… Pruébatela.

Harry se puso la capa sobre los hombros y Ron lanzó un grito.

-¡Lo es! ¡Mira abajo!

Harry se miró los pies, pero ya no estaban. Se dirigió al espejo. Ejectivamente: su reflejo lo miraba, pero sólo su cabeza suspendida en el aire, porque su cuerpo era totalmente invisible. Se puso la capa sobre la cabeza y su imagen desapareció por completo.

-¡Hay una nota! -dijo de pronto Ron.

Harry se quitó la capa y cogió la nota. La caligrafía, fina y llena de curvas, era desconocida para él. Decía:

«Tu padre dejó esto en mi poder antes de morir. Ya es tiempo de que sea devuelto. Utilízalo bien. Una muy Feliz Navidad para ti.

Y allí estaban su madre y su padre, sonriéndole otra vez, y uno de sus abuelos lo saludaba muy contento. Harry se dejó caer al suelo para sentarse frente al espejo. Nadie iba a impedir que pasara la noche con su familia. Nadie.
Excepto…
—Entonces de vuelta otra vez, ¿no, Harry?—No… no lo había visto, señor.
—Es curioso lo miope que se puede volver uno al ser invisible —dijo Dumbledore, y Harry se sintió aliviado al ver que le sonreía—. Entonces — continuó Dumbledore, bajando del pupitre para sentarse en el suelo con Harry—, tú, como cientos antes que tú, has descubierto las delicias del Espejo de Erised.
—No sabía que se llamaba así, señor.
—Pero espero que te habrás dado cuenta de lo que hace, ¿no?
—Bueno… me mostró a mi familia y…
—Y a tu amigo Ron lo reflejó como capitán.
—¿Cómo lo sabe…?
—No necesito una capa para ser invisible —dijo amablemente Dumbledore—. Y ahora ¿puedes pensar qué es lo que nos muestra el Espejo de Erised a todos nosotros?
Harry negó con la cabeza.
—Déjame explicarte. El hombre más feliz de la tierra puede utilizar el Espejo de Erosed como un espejo normal, es decir, se mirará y se verá exactamente como es. ¿Eso te ayuda?
—Nos muestra lo que queremos… lo que sea que queramos…
—Sí y no —dijo con calma Dumbledore—. Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodeándote. Ronald Weasley, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve solo y el mejor de todos ellos. Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.
Continuó:
—El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que noBlo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado.
No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo.
Ahora ¿por qué no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?

—¿Ahora qué hacemos? —susurró Harry.
—Está claro, ¿no? —dijo Ron—. Tenemos que jugar para cruzar la habitación.
Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta.
—¿Cómo? —dijo Hermione con nerviosismo.
—Creo —contestó Ron— que vamos a tener que ser piezas.
Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para tocar el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.
—¿Tenemos que… unirnos a ustedes para poder cruzar?
El caballero negro asintió con la cabeza. Ron se volvió a los otros dos.
—Esto hay que pensarlo… —dijo—. Supongo que tenemos que ocupar el lugar de tres piezas negras.
[…]
—Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Hermione, ponte ahí, en lugar de esa torre.
—¿Y qué pasa contigo?
—Yo seré un caballo.
[…]
—Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —dijo Ron, mirando al otro lado del tablero
— Sí…miren.
Un peón blanco se movió hacia delante. Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían silenciosamente cuando los mandaba. A
Harry le temblaban las rodillas. ¿Y si perdían?

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